Antes que nada existiera, ya existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios porque aquel que es la Palabra era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas, y no existe nada que él no haya creado. En él estaba la vida, y la vida era también la luz de la humanidad. Esta luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no puede apagarla. Dios envió como testigo a un hombre llamado Juan, para que les hablara a todos de la luz, y por medio de él todos creyeran. Juan no era la luz; él sólo vino a guiar a todos hacia la luz. La luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, ya estaba por llegar a este mundo. El que es la luz estaba en el mundo, y Dios creó el mundo por medio de él, pero el mundo no lo reconoció. Vino a este mundo, que es suyo, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Los hijos de Dios no nacen de la sangre, ni por deseos naturales o por voluntad humana, sino que nacen de Dios. Juan 1:1-13
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.Proverbios 4:23 Cuida tus pensamientos, guarda de no andar por caminos de oscuridad. Guarda tu corazón del rencor, del odio y la ira. Guárdalo de ofender y ser ofendido. Presta atención a la palabra de Dios, no las pierdas de vista. Guarda tu corazón de mentir y creer mentiras. Mira siempre hacia adelante, fija tu mirada en lo que está frente a ti. Fíjate bien dónde pones los pies y todos tus caminos serán seguros. No te desvíes a ningún lado, aparta tu pie de la maldad. No ensucien, ni permitan que ensucien el agua de la fuente. De allí mana la vida. Excelente día ☕
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