Mucho me han angustiado desde mi juventud; Mas no prevalecieron contra mí. Sobre mis espaldas araron los aradores; Hicieron largos surcos.
Salmos 129:2-3
Hay cuadros de dolor que cuelgan en las paredes de la mente de muchos individuos, que son momentos y personas trágicas en sus vidas. Quizá hay heridas que arden en nuestro corazón de solo recordar esa experiencia.
El salmista dice: Mas no prevalecieron contra mí.
Muchos no escapamos de esas agrias ocasiones, pero Dios en su bondad ha roto las cuerdas que nos ataban. Las cadenas que nos hirieron han caido. Quizá Dios nos ha vengado.
Por eso no tiene sentido volver a las heridas, más bien goza de la libertad que en Jesucristo tenemos y de la sanidad con que nos bendice. Dios venda tus heridas y sana todas tus dolencias. Lo pasado quedó atrás, las cicatrices son marcas que quedan luego se cerrarse una herida y una herida se cierra perdonando de corazón y esto, con la ayuda de Dios. Además, cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón. El Señor, es justo, ha hecho cosas maravillosas por nosotros, alégrate por eso.
Excelente día ☕
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