Si mi padre y mi madre me abandonaran, tú me recibirías y me consolarías. Salmo 27:10
El rechazo, el abandono y el desprecio que recibimos en algún momento de la vida causó heridas en algunos de nosotros y a pesar del tiempo que ha pasado la herida sigue viva. Muchas actitudes y conductas que tenemos están influidas por ese dolor que guardamos en el corazón.
Jesucristo es un maestro en esto de sanar esta clase de heridas. Fue rechazado por muchos e incluso nosotros mismos lo rechazamos, pero el decidió, desde la cruz, pedir a Dios que perdonara a quienes le maltrataron. El sí te ama y acepta.
El rechazo, abandono o desprecio puede que sean inevitables, no podemos controlar eso, pero sí podemos decidir que hacer con eso en nuestra vida. ¿Seguiremos dejando que nos lastime? ¿Seguirá moderando mi conducta?¿Negociaré mis valores y principios para caerle bien a otros?.
Jesus nos invita a perdonar, y pedir perdón; a que sí podemos bendecir aunque nos maldigan y a que, si nos van a rechazar, sea por hacer lo correcto. Deja de tocar tanto tu herida, deja que cicatrice. Aunque los que más te aman te abandonen, Dios te acepta porque él sabe lo que vales!!! Excelente día !!!☕
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