Dios tomó a Cristo, que no tenía pecado, y puso sobre él nuestros pecados, para declararnos justos por medio de Cristo.
2 Corintios 5:21 Los pecadores no están solo en la cárcel. Estamos libremente caminando por las calles de la ciudad. El pecado (todo lo que no agrade a Dios), nos separa o nos divorcia de Dios. Pero mientras podamos respirar tenemos la bendita oportunidad de acercarnos y luchar por nuestra reconciliación con El. Cuando te acerques a Dios procura siempre hacerlo con un corazón que le agrade: Jesús les contó esta parábola a unos que se creían muy justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro, un cobrador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres que son ladrones, malhechores, adúlteros; ni mucho menos soy como este cobrador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano”. El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó a cierta distancia y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo. Se golpeaba el pecho y decía: “¡Dios mío, ten compasión de mí, que soy pecador!”. »Les aseguro que este, y no el fariseo, regresó a su casa habiendo sido perdonado por Dios. Porque el que se engrandece a sí mismo será humillado, y el que se humilla será engrandecido».
Lucas 18:9-14 Nunca sienta vergüenza de acercarse a Dios (las veces que quieras), con un corazón arrepentido!! Excelente día ☕
2 Corintios 5:21 Los pecadores no están solo en la cárcel. Estamos libremente caminando por las calles de la ciudad. El pecado (todo lo que no agrade a Dios), nos separa o nos divorcia de Dios. Pero mientras podamos respirar tenemos la bendita oportunidad de acercarnos y luchar por nuestra reconciliación con El. Cuando te acerques a Dios procura siempre hacerlo con un corazón que le agrade: Jesús les contó esta parábola a unos que se creían muy justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro, un cobrador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres que son ladrones, malhechores, adúlteros; ni mucho menos soy como este cobrador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano”. El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó a cierta distancia y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo. Se golpeaba el pecho y decía: “¡Dios mío, ten compasión de mí, que soy pecador!”. »Les aseguro que este, y no el fariseo, regresó a su casa habiendo sido perdonado por Dios. Porque el que se engrandece a sí mismo será humillado, y el que se humilla será engrandecido».
Lucas 18:9-14 Nunca sienta vergüenza de acercarse a Dios (las veces que quieras), con un corazón arrepentido!! Excelente día ☕
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